Ultima información añadida:
2 de julio de 2009.
En los testimonios orales
que estamos recogiendo en Alburquerque, hay dos aspectos que sin duda han
sido los que más se han marcado en la Memoria de aquellos tristes años. La
represión que se llevó por delante a una parte importante de los vecinos del
pueblo, y que aterrorizó al resto durante años; y la presencia de “bandas”
de huidos que habían logrado escapar de los pueblos antes de que los
falangistas pudieran localizarlos. Muchas de estas personas intentaron
escapar por Portugal, pero el régimen salazarista impidió que se pusieran a
salvo de la represión. La policía portuguesa y especialmente la PVDE
(Policía de Vigilancia y Defensa del Estado) los buscaba y devolvía a
territorio español, donde la mayoría terminó siendo parte del largo listado
de personas asesinadas por las fuerzas adictas a los militares facciosos.
Eso provocó que muchas terminaran volviendo a cruzar la frontera y
concentrándose en zonas como Mayorga, Los Santiagos o Monsalud. El caso de
los grupos que fueron concentrándose en el entorno del Castillo de Azagala,
es el más cercano, puesto que una buena parte de estas personas eran de
Alburquerque y los pueblos limítrofes, y seguían en contacto, como podían
con sus familiares.
La información escrita que tenemos sobre ellos es muy limitada y se sustenta
esencialmente en el libro: “Guerrilleros de Extremadura” que escribió en
plena guerra el periodista republicano que firmaba como “Lázaro” Las fuentes
indican que el periodista estuvo realmente en Azagala y que habló sobre el
terreno con las personas que componían el grupo. Pero escribió un folleto de
guerra, para ser leído en voz alta en las trincheras. Y hay que tomar esa
fuente teniendo en cuenta que trataba de ser una forma de levantar el ánimo
y crear afinidades entre los combatientes republicanos.
Otra fuente importante de información es el
articulo de Magda Donato (Carmen Eva Nelken) “Historia de una guerrilla.
Publicado en “El Pueblo Manchego” en 4 de marzo de 1937, osea muy poco
después de que el grupo de Azagala lograra pasar a territorio republicano.
E. Santos, en "El secretario", nos da una versión diferente pero no
contradictoria de los hechos que relata Lázaro. Y la causa trás la guerra
contra “El Teto” y otros guerrilleros, menciona los mismos hechos de los que
se habla en “Guerrilleros…”
Josep M. Figueres en "Las crónicas de la guerra civil española" nos dice:
"Que nadíe se llame a engaño: con las crónicas de guerra no conocemos que
pasó, conocemos eso si, lo que denominamos en comunicación, efectos de la
recepción. Y detalles y aspectos
concretos. De este modo podemos
entender como sentía aquella población en
lucha, en revolución, los avatares cotidianos con la literatura
del yo".
Detalles cotidianos, personas viviendo una pesadilla que no les ha hecho
renunciar a la lucha, fechas y aconteciminetos contraadictorios... Con todo
ello iremos formando el mosaico que nos permita acercarnos, un poco, a esa
parte de nuestra historia, que nos han querido escamotear.
Gracias a tod@s.
La memoria es un derecho, nunca un Conflicto.
Dulce Chacón.
Saludos desde Alburquerque.
En Agosto de 1936, las tropas de los generales sublevados contra la
República, entran por el sur de
Badajoz, llevándose por delante
las frágiles defensas improvisadas por el Gobierno y las Milicias Populares.
A lo largo de su camino a través de la
Ruta de la Plata, dejan un rastro de cadáveres que sin embargo no es más que
el comienzo de la orgía de sangre que las fuerzas “de orden” van a desatar
en todos y cada uno de los pueblos ocupados.
El día 11 la columna de
Castejón conquista
Mérida
a sangre y fuego. El 14 le tocará el turno a
Badajoz.
Los militares sublevados, curtidos durante la guerra de Marruecos en la
dominación por el terror, aplican sus conocimientos en su camino hacia
Madrid.
Para el día 17, fuerzas de la legión,
requetés, falangistas y guardia
civil, ocupan
Alburquerque y San Vicente de Alcántara. Los días siguientes
se apoderarán de
Villar del Rey, Puebla de
Obando
y La Codosera.
Además de las fuerzas que se mantienen en los pueblos, en el término de
Alburquerque
hay retenes militares en Dos Hermanas, La Gallina y
Guadalla.
Mucha gente huyó al campo y quienes se sabían señalados como izquierdistas
cruzaron la frontera con Portugal o acompañaron a los milicianos que el
coronel
Puigdengolas, desde
Badajoz, había mandado para
prevenir algún intento de ocupación por parte de las tropas que se habían
sublevado en
Cáceres.
Muy pronto, Guardia Civiles y falangistas comienzan los paseos, sobre todo
después del paso por la zona de una de las “Centurias Negras de Castilla”
que organiza la Falange local con un grupo de guardias al mando de Agustín
Ramos, “El Rubio”, y los militantes locales de Acción Popular, muchos de los
cuales ya se habían señalado durante el bienio negro en la represión de los
sindicatos.
Durante las primeras semanas algunas de las personas que han escapado,
vuelven creyendo en las promesas vertidas por las nuevas autoridades, de que
nada tienen que temer. Esa equivocación costará la vida a muchas de ellas.
Las detenciones comienzan inmediatamente, y unas semanas después, los
asesinos del “Campanillo” ya campean por toda la comarca.
En
Alburquerque, según las declaraciones de “gentes de orden”
durante una de las operaciones de “depuración” de empleados municipales, las
tropas habían descubierto, al tomar la población, el listado de militantes
socialistas en los locales de la Casa del Pueblo. Esa no era la única fuente
de la que disponían para la localización de aquellas personas que procesaban
“ideas disolventes”. Poseían también los informes personales que el gobierno
de la CEDA había ordenado confeccionar a la Guardia Civil en 1934 y la
colaboración de personas de orden que sirvieron a la causa como “Comisión de
la Limpieza” de la que nos habla E. Santos en “El Secretario”:
“La mayoría de los huidos capturados eran ejecutados en el mismo lugar en el
que eran encontrados. Mujeres y niños eran rapados dejándoles solo un mechón
en lo alto para atar a ellos un lazo rojo. Los paseaban por las calles y les
aplicaban purgantes de aceite de ricino… Hubo este tipo de desfiles en todos
los pueblos. Valencia de Alcántara, San Vicente y
Alburquerque.
Mujeres atadas con una larga soga, caminando en hilera con sus hijas de
cinco o seis años, con las cabezas afeitadas, el lazo rojo y las ropas
rasgadas. Los verdugos con látigos, fustas y palos
propinándoles
constantes golpes y obligándolas a decir en voz alta “Somos comunistas”.
Muchachas violadas y fusiladas. Rapiña de todo tipo. Una especie de
“Comisión de la limpieza” determinaba quienes deben desaparecer entre los
que no han huido”.
Documento
En este contexto de terror impuesto por los sublevados, un numero importante
de huidos comienza a concentrarse en torno a
Mayorga
y Azagala.
Eran jornaleros, yunteros, pastores, albañiles, gente humilde que en muchos
casos había estado comprometida con organizaciones sociales y políticas
afines al Frente Popular. Militantes de las
JSU,
del Partido Socialista, militantes comunistas, de la
FNTT…
En "El Secretario", E.Santos nos dice que los evadidos fueron agrupándose
gracias a la información que les transmitían pastores y cabreros, que además
les facilitaban datos sobre la represión en la zona y los accesos más
seguros a la sierra.
El testimonio de J. Barroso, que estuvo en la sierra unos meses, nos dice
que en una de las salidas que hacían desde la sierra y pasando por
Valdecarnero
(Km. 22 de la carretera entre
Alburquerque y San Vicente de
Alcántara) vieron un prado lleno de cadáveres, sobre una lancha que servía
para trillar y muy cerca de un riachuelo.
Un pequeño grupo de personas llegan a la zona desde
Badajoz.
Según Justo
Vila: “Por el Puente de Palmas y el Vado de La
Molineta
logran escapar de la matanza dos mil quinientos o tres mil pacenses,
buscando el otro lado de la frontera o subiendo hacía
Alburquerque”.
E. Nelken
nos dice al respecto: “… cuatro muchachos (de los que estaban en la sierra)
habían sido fusilados en una de las ejecuciones en masa llevadas a cabo por
los fascistas en
Badajoz. Los fusilaron en el
cementerio; luego rociaron los cuerpos con gasolina y les prendieron fuego.
Pero en aquel momento cayó una lluvia torrencial que apagó la hoguera y
cuatro “cadáveres” que milagrosamente habían quedado con vida, se salvaron”
El testimonio de I. Pache nos da una
imagen nítida de las tácticas de tierra quemada que utilizaron las fuerzas
represivas para aislar la incipiente resistencia de la sierra: "Un día me
dijo Juan, que era novio de mi hermana, de noche veo una luz que serán los
de la sierra, y andando por aquí solos, cualquier día nos quitan la pelleja.
Bastante lejos estaban, pero veíamos la luz y una noche salimos con
dirección para ella y fuimos a campo traviesa llegándonos a ella. Nos
quedamos en una choza, que había más pulgas que lepra, y yo le dije a Juan:
Pronto será de día. Cuando salimos que serían las seis, todos los chozos
ardían, pues llegó la Falange -los quemó- y después se dieron a la fuga".
Eduardo
Pons
Prades
añade información sobre las primeras semanas de vida en la sierra: “Al
enterarse (Hermenegildo
Bautista “El
Morao”) de que en otra de las sierras, la de
Azagala,
había gentes en las cuevas, los tres compañeros (estaba con el Palomo y El
Guerrina) cambiaron de refugio y allí encontraros a un reducido grupo de
guerrilleros mandado por Francisco Correa “El Teto”, que protegía a
doscientas y pico personas. Eran huidos de San Vicente de Alcántara.
A finales de Agosto habían tomado el Castillo de
Azagala
y alzado en él una bandera roja que se mantendría, a pesar de las
represalias y los ataques, durante más de seis meses.
Cuando está terminando el mes de septiembre de 1936, hay un grupo
constituido de unas sesenta personas. Por entonces comienzan a organizarse
para la resistencia frente al acoso de falangistas y guardia civil. Crean
tres grupos comandados por Francisco Correa
Silvero
“El Teto” (UGT-FNTT
de San Vicente de Alcántara),
Hermenegildo Bautista “El
Morao”
(JSU
de
Alburquerque) y Mariano Flores, un viejo sindicalista que ya
había pasado por la cárcel tras las huelgas revolucionarias de 1917 y 1934,
y que en el momento del alzamiento militar era alcalde socialista de
Talavera
la Real.
E. Santos nos informa de como fueron organizandose:
"De esta forma surgieron grupos de guerrilleros que en un principio
pasaron las necesidades físicas y morales que son de suponer: hambre, sed y
el cielo por cobijo.
Pero una vez que esos hombres consiguieron algunas armas, a veces
procedentes de sus emboscadas contra sus perseguidores, llegaron a ser
temidos... Los primeros jefes que eligieron lo fueron siempre por la
capacidad física e intelectual que aquellos demostraban. Se impusieron entre
si una férrea disciplina que nunca quebrantaron. su fidelidad a la República
se mantuvo decidida y entusiásticamente. Los jefes lo eran sólo por la
estrategia a seguir pero la vida en común la mantenían sin diferencias ni
escalas"
El testimonio de
JM. Torres (en blog F. Pilo) nos
habla de un grupo de mineros de
Peñarroya que habían llegado a
Badajoz
con la misión de volar los puentes sobre los que tendría que pasar la
columna de tropas africanas. Son especialistas en manejo de explosivos y
voladuras. Una parte de esos mineros, logra escapar del ataque de regulares y
legionarios, cruzan el
Guadiana por
Talavera
y terminan refugiándose en la sierra de
Alpotreque.
Por las fechas es probable que sean parte del grupo de milicianos que
acompaña a Mariano Flores.
Por otra parte, el testimonio de los hermanos
González
Soto en el 2003 nos decía que Patricio Santos, vecino de
Alburquerque,
fue uno de los huidos a la sierra. Patricio era armero y manejaba bien la
dinamita. Fue una de las personas que se dedicó en
Azagala
a fabricar bombas rudimentarias con latas de conservas y cascos de botellas.
El testimonio de R.
Cuellar en “Los niños
republicanos” nos da cuenta además de que no solo había hombres en la
sierra. Su grupo eran cinco personas de entre trece y quince años. Tres
muchachos y dos muchachas. Se unen a los huidos en
Mayorga.
Los dos mayores se quedan allí de enlaces, las niñas y el más pequeño son
llevados a Atalaya que consideraban más segura. Rafael es sobrino de Mariano
Flores. Parte de los huidos se desplazan para no quemar demasiado a la gente
que les apoya. Algunos van hacía el sur, a la sierra de
Monsaluz
entre
Almendralejo y
Barcarrota, donde están
concentrándose gran numero de refugiados.
A este respecto,
uno de los guerrilleros relata a un periodista como había una muchacha de 13
años llamada Natacha que durante tres meses los acompañó allí donde fueron,
negándose a separarse de ellos.
Los huidos construyen chozos junto al castillo. Sus primeras acciones son de
supervivencia, que era lo que les había llevado allí. Requisan alimentos y
enseres que precisan para seguir adelante. En ese contexto se produce el
asalto al cortijo de los Melara, conocidos terratenientes y significados
derechistas de Puebla de
Obando. Se produce un tiroteo en
el que muere un falangista y un guerrillero. El grupo ha dejado de limitarse
a sobrevivir.
Algunos huidos llegan en septiembre desde el otro lado de la frontera donde
los trabajadores del campo e incluso algunos
guardiñas
les han ayudado a sobrevivir. Entre ellos llega “El
Prim”,
militante de las
JSU de Roca de la Sierra,
rebautizado “El Fusilado” por sus compañeros de la sierra, por haber
sobrevivido a un fusilamiento. En cuanto a este tema un informe consular
portugués dice: Confidencial-
Proc. 3/36. Al Mº de Negocios
Extranjeros.
Badajoz 30 de agosto. Portugueses indeseables. Muchos de los
portugueses que con armas en la mano colaboraron con los marxistas locales o
provinciales, en las luchas registradas aquí hace pocos días o fueron
muertos en combate, o fueron fusilados y algunos huyeron a Portugal,
especialmente a
Villamaior, otros a Santa
Eulalia; también se dice que los guardias fiscales de los puestos de
Azeiteros
y Ouguela,
muestran simpatía por los comunistas españoles (…) Cónsul.
Se incorpora al grupo
Valentín Morales
Boyero,
un carabinero que había estado en el puesto de La
Codosera.
Desde que llega a la sierra sus compañeros de infortunio asumen su liderazgo
porque es el único que tiene alguna idea de cuestiones militares.
Este ministerio… ha resuelto promover al empleo de Sargento al Carabinero
de la Comandancia de
Badajoz, agregado a la de
Valencia, don
Valentín Morales
Boyero,
por su distinguido comportamiento en diversos hechos en que ha tomado parte
con motivo de la sofocación del movimiento sedicioso… (Gaceta de la
República. 19 de febrero de 1937)
El testimonio de J.
García que estuvo en la sierra
hasta el 16 de Febrero de 1937 nos cuenta que el grupo de Morales había de
diez a veinte personas y que en la sierra pudo haber hasta 700. Al comienzo
solo tenían unas cuantas escopetas pero fabricaron bombas con latas de
tomate y por un tiempo los fascistas pensaron que tenían armamento pesado.
E. Nelken
nos dice que: "había 500 personas en la sierra, unos 380 hombres, 80 mujeres
y unos 40 niños. La partida se dividió en seis
compañias
dirigidas por un jefe militar que era carabinero y un delegado político,
hombre culto y resuelto que es quien me ha referido esta extraordinaria
aventura"
Se especializaron en construir proyectiles con plomo fundido requisado de
las instalaciones de los cortijos y preparaban rusticas bombas con latas de
tomate, trozos de herraduras, clavos y dinamita. El día en que estrenaron
esas bombas, rechazando un ataque de falangistas y
requetés,
nació la leyenda de los cañones de
Azagala.
El testimonio de los hermanos
González Soto nos aporta un
detalle curioso sobre el lanzamiento de esos artefactos, nos cuentan que
practicaron y perfeccionaron impulsarlas por medio de improvisadas
catapultas, para las que utilizaban el material que más había en el monte:
Chaparros.
La situación tras las líneas sublevadas en septiembre y octubre de 1936
queda reflejada en la noticia publicada en "El Pueblo manchego" el 23 de ese
mes.
Documento
E. Nelken
nos habla también de la organización de la guerrilla en
Azagala:
“La partida estaba minuciosamente organizada en secciones.
Había una sección de zapatería para la confección y arreglo de calzado; una
sección de sastrería que confeccionaba toda clase de prendas con géneros
requisados; otra de barbería; una enfermería regentada por un practicante y
surtida por el botiquín del castillo de
Piedrabuena; y cada sección tenía
su cocina servida por un cocinero y su ayudante.
Pero la sección principal era naturalmente, la de armas y municiones. Armas
no faltaban: en este sentido los asaltos a castillos, coches y cortijos
solían ser fructíferos, en cierto cortijo de los campos de
Macías,
pertenecientes a un miembro de la familia
Muguiro, se encontró por ejemplo,
una provisión abundante de rifles, escopetas y pistolas.
Las municiones se fabricaban con los más imprevistos ingredientes. En un
principio utilizaban para fabricar pólvora, carbón y clorato. Cuando escaseó
el clorato se les ocurrió requisar cohetes de los que se usan en ciertos
pueblos para ahuyentar palomas, la pólvora negra del cohete para las
escopetas y en dinamita para las bombas que se confeccionaban con los
boliches dorados de las camas. Para las balas el procedimiento era
sencillamente fundir tubería de plomo de las casas”.
Para proporcionarse víveres, ropas, armas y municiones –según nos
cuenta E.
Nelken- practicaban dos clases de requisas; la voluntaria,
entre los trabajadores del campo que vivían en los alrededores, y la
forzosa, que se practicaba al enemigo, mediante el asalto a coches y
cortijos. Lo más interesante que nos relata la periodista republicana es el
asalto al Castillo de
Piedrabuena: “Así ocurrió en el
castillo de
Piedrabuena, guardado por cuatro guardias civiles que fueron
fácilmente puestos en fuga. Aquel asalto fue de los más fructuosos. En el
castillo de
Piedrabuena, soberbio edificio de doscientas habitaciones, se
encontraron entre otras muchas cosas, 58 cajas de pitillos y 48 de puros;
ocho sacos de latas de conservas, dos cajones de botellas de coñac y un
botiquín completo”
Se producen ocupaciones y requisas en los cortijos de
Santa María, Grullera, Castillo de Azagala, Castillo de Piedrabuena, Los
criaderos, Alpotreque, Las Ventas, Casa Liebres, Las Coles...
Además de la ocupación del Castillo de Azagala, tenemos
localizados otros tres campamentos en el Torvizco de San Pedro, Finca Las
Coles y Casa Liebres.
A mediados de octubre explotan en San Vicente y
Alburquerque
media docena de bombas. El mismo
Queipo de Llano en una de sus
violentos discursos en Radio
Sevilla, amenazó a los
guerrilleros de
Azagala. El ayudó a difundir el
mito de los cañones. “A esos salteadores marxistas de la Sierra de
Potrenque
me los voy a merendar cualquier día de estos, aunque los rusos, según
parece, les hayan enviado
cañoncitos”.
Sobre la información que llega al exterior, resulta interesante la nota
publicada en el diario
laborista británico "Daily
Herald"
proveniente de la agencia
Fabra y recogida el 30 de marzo
de 1937 por "La Vanguardia" de Barcelona. Hablaba de: "La formidable lucha
que deben sostener los ejércitos de Franco contra las bandas de guerrilleros
republicanos que hostilizan, día y noche, las líneas enemigas. En toda
Extremadura,
estas bandas de guerrilleros actúan con gran intensidad, dificultando el
abastecimiento, impidiendo el transporte de tropas, saboteando los trabajos
del campo".
El 5 de abril
"El Pueblo Manchego" recoge una noticia similar procedente del Daily
Telegraph.
Documento
El testimonio de C.
Díaz nos dice como los
individuos del "campanillo" dejan de fusilar al amanecer en el cementerio
porque los guerrilleros bajaban de noche hasta allí y habían tiroteado el
camión en alguna ocasión. A partir de estas fechas fusilan cuando ya es de
día.
El 28 o 29 de octubre atacan la estación de
Herreruela.
Este es el relato de Lázaro:
"A las diez de una mañana atacaron veinte guerrilleros rojos la estación
de Herreruela. Protegían su acción, interceptando las posibles vías de
socorro, otros dos grupos. Los empleados escaparon y se escondieron. el
tiroteo fue breve; las bajas, escasas. Los guerrilleros destruyeron todo
cuanto les fué factible destruir, lo mismo en el edificio de la estación que
en las instalaciones de vía y obras. Flores cargó en las bestias una buena
provisión de chocolate, bacalao, arroz y otros géneros, para variar el menú
de los guerrilleros. Como andaba completamente destrozado se puso un traje
del jefe de estación y le dejó sus andrajos"
E. Santos en "El secretario" confirma la acción pero desmiente un tanto
el tono épico con el que Lázaro narra los acontecimientos. Los guerrilleros
llegados a medianoche tomaron todas las provisiones que pudieron, con la
colaboración del jefe de estación, e inutilizaron las comunicaciones
telefónicas y telegráficas de la estación. Agustín Ramos en el proceso
contra "El Teto" asegurará que destrozaron en el asalto la mesa de aparatos
de telégrafo y teléfono.
E. Nelken
nos cuenta que el asalto a la estación de
Herreruela fue como respuesta al
fusilamiento en
Alburquerque de un numeroso
grupo de presos. Y efectivamente, entre el 4 y el 27 de octubre hay 12
personas inscritas (y eso es solo una parte de la represión, como ya hemos
visto anteriormente) como fallecidas por causa del “movimiento nacional”
solo en
el registro de
Alburquerque. Son los mese de
las “sacas” desde la ermita-baile del Rosario.
Unos días más tarde atacaron la finca
de los Garay, bien defendida por guardia civil y falangistas.
Por estas mismas fechas En el kilómetro cuarenta y dos de la carretera de
Valencia de Alcántara a Badajoz y sitio conocido como Puerto de los
Conejeros, los guerrilleros emboscaron una estellesa cargada de falangistas
matando cinco de ellos y hiriendo a cuatro más. Y unos días después matan a
un falangista de Alburquerque en el sitio llamado Pedrogil.
La actividad de los grupos organizados en la sierra pasa por su momento más
álgido. Por las mismas fechas incendian una camioneta cargada de corcho en
el kilómetro 22 de la carretera de Valencia a Badajoz, matando al chofer y
al falangista que lo acompañaba. Lázaro nos cuenta en “Guerrilleros de
Extremadura” que en esa ocasión estaban esperando al “Campanillo”, para
deshacerse de Agustín Ramos.
Tras ello fueron a los Canchales de Monroig, de donde se destacó un grupo de
unos catorce hombres y llegados al cortijo enclavado en las proximidades,
secuestraron al dueño vecino de Alburquerque A. M., exigiéndole 2000 pesetas
por su rescate, por lo que este mando a un criado a por ellas y las pagó, lo
pusieron en libertad, y al salir de los canchales se llevaron cinco cabras,
las que se comieron esa noche en la sierra de Enrique, pasando al siguiente
día a la Sierra de los Santiagos, donde se unieron a las partidas del
castillo de Azagala (E. Santos)
En noviembre el núcleo más organizado de la guerrilla de Azagala cuenta con
unas 140 personas. Cuentan con piaras y almacenes de víveres. Llegan a tener
unos 80 caballos. Cinco mujeres de una familia se unen a ellos, escapadas
desde La Roca de la Sierra, donde el cabo Esteban iba a fusilarlas después
de haber hecho lo mismo con sus hombres.
A lo largo de noviembre, mientras las columnas de legionarios y
regulares se daban cuenta frente al Madrid del “No Pasaran” que ser “novios
de la muerte” exigía también sus propias vidas y no sólo las del prójimo,
las fuerzas que se habían ocupado del control del partido judicial de
Alburquerque, entran en un proceso de aceleración represiva. Es uno de los
meses más cruentos de toda la guerra. Entre los días 3 y 27 se pueden
contabilizar 45 personas asesinadas y registradas tan sólo en la cabeza de
partido. Fusilamientos en el cementerio y en los campos, vejaciones de todo
tipo, violaciones, robos impunes… La orgía de sangre es tan brutal que se
dan casos como el de G. Prado, falangista de San Vicente, que se quitó la
camisa azul y la tiró a la cara de los asesinos, abochornado por lo que
estaban haciendo…
A principios de diciembre una columna de unos 800 hombres ataca a los
guerrilleros por las minas de La Ahumada. Divididos en tres grupos, a la
izquierda los requetés, a la derecha los falangistas y en el centro la
Guardia Civil. El castillo de Azagala es defendido por unos 50 guerrilleros
comandados por el Valentín Morales. El resto dividido en tres grupos toman
posiciones entre los canchales de los alrededores del castillo. El primer
ataque es rechazado con ayuda de las bombas fabricadas allí, huyen los
requetés, los falangistas y por último la guardia civil. Dejan sobre el
terreno cuatro muertos y se llevan numerosos heridos. Vuelven tras poner
orden entre sus filas y la lucha se prolonga durante todo el día. Hay
numerosas bajas entre los asaltantes y los guerrilleros se hacen con
material de guerra abandonado.
Para evitar repercusiones en la moral de la población los heridos son
trasladados fuera de la comarca, a Mérida y los muertos son sepultados
clandestinamente. Pero el resultado del ataque se difundió de todas formas
por las poblaciones cercanas de donde eran muchos de los que se refugiaban
en la sierra. La guardia civil hace público en los pueblos que se ha acabado
con los bandidos del Rincón de la Zagala.
Se une al grupo Miguel González Bueno, de Villar del Rey. Fundador y
presidente del la agrupación socialista local. Había sobrevivido también a
un fusilamiento en el puente de los Cinco Ojos. Tras curar las heridas
escondido cerca del pueblo pasa a Portugal desde donde volvería.
Hacía el 16 o 17 de diciembre cortaron las líneas telefónicas de
Alburquerque y San Vicente con otros pueblos y llenaron las calles de
manifiestos del PCE que había pasado un enlace desde territorio republicano.
A este respecto
las acusaciones de las autoridades facciosas se centran en Francisco Plata
Pintiel, militante de las JSU que se había acogido al bando de perdón de
noviembre y al que acusan tras huir de nuevo en febrero, de haber servido
como enlace de la guerrilla en Alburquerque.
En estas fechas, se produce un bombardeo de aviones portugueses que Agustín
Ramos y dos señoritos han ido a contratar a Lisboa. La suma para que se
produzca es de 20.000 duros. El testimonio de J. Barroso nos cuenta que: Una
mujer llamada Cristina que vivía en la calle Antón de Alburquerque avisa a
los huidos de que se va a producir el ataque. Los refugiados se desplazan
hasta otra finca que se llamaba “El Rincón”, a unos dos kilómetros de
distancia, poniéndose a salvo de los bombardeos de Albarrazuelo, El Prior y
el Castillo de Azagala. Los aviones contratados por Ramos eran unos seis.
Hay testimonios en Alburquerque que nos hablan de al menos dos bombardeos
diferentes.
Y el testimonio
de un guerrillero: "Entonces lanzaron contra nosotros un avión de bombardeo
y dos cazas. ¡Infelices! ¡Creían que nos iban a rendir!. A pesar del
terrible bombardeo, no nos hicieron ninguna baja porque, avisados por los
campesinos, nos trasladamos a otra sierra".
Por la noche de ese mismo día Queipo vuelve a hablar de ellos por Radio
Sevilla:”Cuando a mi se me hinchan las narices se acaban los atrevimientos
de los marxistas. Los desarrapados de la Sierra de Potrenque pasaron a mejor
vida. El facineroso Flores, ese alcaldillo de Talavera la Real, que se
atrevió a sentenciar a unos terratenientes por si habían o no habían dado
dinero para el movimiento nacional, ha sido despanzurrado por una bomba de
nuestra aviación. Era lo que se merecía. Se acabaron los rojos del
Potrenque… ¡Cuando a mi se me hinchan las narices!”
Al día siguiente reunieron a “las rojas” en las plazas de los pueblos para
trasladarlas a identificar los cadáveres que sin embargo no encontraron.
J. Barroso nos cuenta que sin embargo detuvieron a "Chaparro" que había
quedado aislado del grupo. Un falangista de Alburquerque lo ató a un árbol y
lo mato a golpes.
Al día siguiente del bombardeo, -nos relata el informador de E. Nelken-
seguros de que allí no quedaba nadie con vida, fue un destacamento de
fascistas, si bien, como medida de precaución, obligaron a entrar delante a
unas pobres mujeres de chozas cercanas.
¡Ni un solo cadáver! Chasqueados hicieron lo que se había previsto:
prendieron fuego a las tiendas… con lo cual estallaron las bombas (ocho
bombas que habían dejado ocultas los guerrilleros en una tienda coronada por
la bandera republicana) y les hicieron cuatro bajas.
El día 20 ya estaban los guerrilleros de vuelta en Azagala. El grupo armado contaba con unas 250 personas.
El 24 de diciembre se presentan en la explanada del castillo de Azagala
cinco hombres que han pasado las líneas. Se les conocía como
“Los
Invisibles”. Tres eran extrémeños, los otros dos voluntarios de las Brigadas
Internacionales. Su fama les precede. Nadie los había visto pero todo el
mundo conocía sus acciones. Una mañana aparecía muerto en cualquier pueblo
un falangista de nota. Sobre el pecho un papel. Los invisibles. Otro día
aparecía derrumbado un puente. En el petril, con letras rojas: los
invisibles. Otro se encontraban los habitantes de un lugar con un manifiesto
que alguien había introducido por debajo de las puertas. Pie de imprenta:
los invisibles.
Esos hombres instruyen militarmente a los huidos y ayudan a organizar los
grupos. A partir de este momento cada movimiento del grupo está planificado.
En el testimonio de R. Cuellar se habla de “Los invisibles” como de un grupo
de doce personas. Tres de ellos extrémeños.
En torno a "Los Invisibles", rastreando la prensa de la época hemos
localizado una noticia sobre ellos en la que se nos dan cuatro nombres:
RASGO DE HONRADEZ
(El Pueblo Manchego. Corresponsal en Don Benito) 9.11.36
Los camaradas Francisco Muñoz Morales, Ismael Minaya Verdú, Miguel Cadavieco
y Diego Horrillo, pertenecientes al grupo "Los Invisibles" entregaron en
este comité una onza de oro que encontraron en la vía pública envuelta en un
sobre. El rasgo de honradez de estos bravos defensores de la causa del
proletariado, está siendo muy elogiado por todos, habiendo, además, recibido
las felicitaciones de este comité y una gratificación en metálico. Que cunda
el ejemplo y tenga muchos imitadores deseamos. FIRMA: Cornejo.
Documento
Muestra de que las acciones de los guerrilleros están haciendo mella en
la seguridad de los poderosos locales es que en enero de 1937 Falange
Española tiene montado un dispositivo de vigilancia de establecimientos
dentro del casco urbano de Alburquerque.
La prensa republicana recoge en enero noticias sobre la resistencia de
Azagala, un articulo de “La Vanguardia” del sábado 16 de enero de 1937 así
lo hace: “Se presentó (en las líneas republicanas) Juan Domínguez Enrique,
joven socialista de Carbonita, provincia de Cáceres, con un fusil y las
municiones que había conservado de las operaciones de defensa de Badajoz.
Vino acompañado de Leonardo González, obrero evadido de Cordobilla. Ambos
cuentan datos interesantísimos. Parece ser que dos mil ochocientos infantes
nuestros están refugiados y admirablemente parapetados en el vacío de
Sagala, en la torre de Petrique, término de Alburquerque. Hay entre ellos un
teniente coronel, un capitán de carabineros, guardias de asalto, un banquero
de Badajoz y cuarenta mujeres. Dicen que han sostenido combates furiosos con
el enemigo en tres ocasiones y les han hecho muchas bajas. Parece ser que el
enemigo está concentrando fuerzas en Cáceres para rendirles.
Dos detalles interesantes en referencia a este texto, puramente
propagandístico. El conocimiento por parte de los guerrilleros, ya en los
primeros días de enero, de los preparativos de los sublevados para batir la
sierra, y la presencia anecdótica y casi surrealista de un banquero en la
sierra.
Documento
A finales de enero la guerrilla ataca un tren con tropas y material italiano
a tres días de marcha de sus posiciones originales en la sierra. Usan dos
cargas de trilita para volar la locomotora y hacerlo descarrilar.
Elizaveta Parshina, brigadista rusa que lucha junto al grupo guerrillero
adscrito a la XI brigada internacional nos ilumina en sus memorias sobre la
actividad de los grupos guerrilleros durante este periodo de la guerra. A
mediados de febrero de 1937: "Nos llegaban informaciones sobre el traslado
de las tropas enemigas al norte. Sus intenciones todavía no estaban claras.
En los últimos días se habían producido intensos combates cerca del río
Jarama donde los fascistas intentaban cortar la carretera que unía Madrid
con el sur. En estos combates no había participado el cuerpo expedicionario
italiano. Hacíamos muchas conjeturas sobre dónde podían estar los italianos,
pero en cualquier caso debíamos impedir su traslado por ferrocarril....
Recibieron la orden de empezar: "La guerra de los raíles"
La situación por estas fechas es ya muy complicada. Unos días después de que
fuera atacado el tren, el grupo mata a un cabo de la Guardia civil hiriendo
gravemente a un brigada del mismo cuerpo en el lugar conocido por Rincón de
La Zagala. Segun la información de Lázaro los guardias y un grupo de
falangistas estaban haciendo una operación de limpieza entre los
trabajadores del campo que habitaban en los alrededores cuando fueron
emboscados por el grupo guerrillero.
Solo una fuerte concentración de fuerzas sirvió a las fuerzas sublevadas,
nos lo cuenta E. Nelken: “Concentraron en los pueblos más de 2.000 hombres;
retiraron todo el ganado hacía la raya de Portugal; establecieron un cordón
de caballería que iba de Zapatón a Alburquerque, y de Alburquerque a
Codosera; y ordenaron con amenazas de penas severísimas que todo aquel que
estuviese en el campo se presentara en el pueblo antes de las 48 horas, y
que todas las casas y chozas que en los campos hubiese, permanecieran
abiertas y con bandera blanca.
La partida así acorralada, hubo de levantar el vuelo”
El 20 y 21 de enero de 1937, se reciben en el cuartel general de
Franco, los informes referentes a la ocupación de la sierra de Alpotreque
por parte de las tropas sublevadas. La toma de la zona es desarrollada por
unidades llegadas desde Cáceres y Badajoz, el coronel gobernador militar
comunica desde el cuartel general establecido en Zangarrón, que en el
amanecer del día 20 inician los movimientos combinados, ocupando durante la
jornada Albercón, Magdalena y Casa Liebres. La columna de Badajoz encuentra
un campamento abandonado por la población huida a la sierra. Al parecer
precipitadamente, puesto que recogen numerosos efectos, municiones e
importante numero de ganado. El día 20, no obstante, queda aún buena parte
de la sierra por ocupar.
El día 21 los facciosos han establecido el cuartel general en Casa Liebres.
Y las tropas ocupan durante la jornada el resto de la sierra. Las fuerzas de
Badajoz vuelven en su totalidad a sus bases y las de Cáceres quedan tan sólo
un contingente de guardias civiles y falangistas con ametralladoras para
consolidar el territorio ocupado.
En el cuartel general de Franco, se observa: “Que feliciten a las tropas”
La cronología que nos establece esta comunicación, genera un problema de
fechas. ¿Dónde están varios cientos de personas huidas a la sierra entre en
día 21 en que las tropas franquistas toman la sierra y el día 4 de febrero
en que llegan a territorio republicano?
La posterior consolidación de la sierra por parte de los guardias y la
falange, no parece haber sido bien administrada. El núcleo operativo de la
guerrilla pasa a la zona leal, pero la guerrilla, como se verá, sigue
actuando y los grupos de huidos permanecerán presentes durante toda la
guerra.
Nueva documentación parecen aclarar al menos en parte estos datos confusos.
Una vez más en El Pueblo Manchego, del día 20. 1.37. "En Castuera se han
presentado gran número de fugitivos del campo faccioso. En nuestras
posiciones de Castuera se han presentado en el día de hoy (ayer) ciento diez
hombres con cuatro fusiles, once mujeres y cuatro niños, procedentes de la
Sierra de Alpotreque" Todo parece indicar que la retirada se dio en varias
fases, dividiendo el grupo en partidas, que como nos aseguran los
testimonios, estarían compuestas por setenta u ochenta personas. Un guia
estaría a cargo de cada grupo, y el camino podría haber sido Alburquerque-
Sierra de Yelbes- Don Benito.
Documento
A primeros de febrero los guerrilleros de la sierra de Alpotreque guiados
por “Los Invisibles” se ponen en marcha camino de territorio republicano.
Una columna fascista intenta detenerlos cercando la sierra. Tiroteos entre
los militares sublevados y las avanzadillas guerrilleras. El asedio duró
24 horas (nos cuenta E. Nelken); durante la lucha, cuarenta hombres
intentaron una salida que fracasó y sólo diez de ellos regresaron a sus
posiciones originales. Finalmente aprovechando la noche y la niebla logran
romper el cerco.
Mientras la retaguardia hace frente a los atacantes sin ceder terreno, el
grueso de la columna guerrillera llega a Sierra Estena.
A los treinta minutos de haber llegado allí comenzó una balacera que
provenía de un contingente llegado desde un cortijo cercano. Treparon hasta
lo alto del monte desde donde sostuvieron un tiroteo que duró varias horas…
E. Nelken nos cuenta que: “Poco a poco su numero había ido disminuyendo para
mayor desembarazo de movimientos, habían despedido a casi todas las mujeres
con los niños; solo quedaban con ellos, las que no podían volver a sus
pueblos respectivos, donde hubieran sido fusiladas sin remedio”
Los hermanos González Soto, en sus testimonios coinciden en que una de las
columnas se vió envuelta en una balacera con tropas de regulares, pero nos
dicen que la columna resultó seccionada y que allí murió mucha gente.
De madrugada perseguidos por regulares emprenden de nuevo camino hacía La
Sierra del Pajar. Atravesaron las líneas en la zona de Santa Amalia. A
medianoche del día 4 de Febrero cruzaron el río Búrdalo. A las dos de la
mañana llegaba la columna a Medellín. Pasaron el puente romano sobre el
Guadiana unos 200 guerrilleros tras seis meses de resistencia y sabotajes en
la retaguardia enemiga.
La versión de E. Santos es diferente y está basada en el diario de uno de
los guerrilleros de Azagala, Cesar Llorente: "Cuando decidieron pasar a la
zona republicana a través de la Sierra de Munsalud, ninguno de ellos conocía
una ruta que les asegurara la marcha. Aquellos terrenos eran completamente
desconocidos... Un pastor conocedor de aquellos lugares se ofreció para
guiarlos a cambio del pago de 2.000 pesetas, cantidad importante en aquellos
momentos. Al carecer de tal cantidad, Llorente propuso ir a visitar, en las
dehesas de Mayorga, a un hacendado conocido quien seguramente no les negaría
aquella cantidad.
Los guerrilleros, según nos sigue contando E. Santos, lograron hacerse con
ese dinero que les sirvió para llegar a territorio republicano.
La versión que narra E. Nelken también difiere: “Al día siguiente también
llegaron a la sierra de los Picorros, donde tuvieron un gran encuentro. Eran
tres pastores con su ganado; tres pastores que al verse rodeados por
aquellos desconocidos se echaron a temblar, seguros de haber caido en poder
de los facciosos. Cuando se convencieron de que se trataba de “rojos” fue
tan grande su entusiasmo que abandonaron su ganado y se ofrecieron para
guiarlos hacía Don Benito.
De todas estas versiones
contradictorias en parte lo que parece claro por repetirse en varias de
ellas y ser confirmado por los datos de los testimonios y las noticias de la
prensa, es que hubo una salida constante de refugiados de la sierra hacía la
zona de Santa Amalia, Don Benito. El itinerario más lógico es del que
tenemos más información testimoniada: Azagala, Sierra Estena, Sierra del
Moro, Río Burdalo, Medellín. Parece muy improbable sino imposible un
itinerario por la sierra de Monsalud. La situación en Alpotreque era bien
conocida por el ejercito republicano que sin duda tenía contacto con ellos,
por medio de enlaces o guerrilleros de los cuerpos especiales. A partir de
mediados de enero, con la amenaza del cerco, se crearon dos o más
posiblemente tres grupos de unas cien personas para salir a territorio
republicano. Al menos dos de ellos lograrían pasar, el que llega en 20 de
enero y el que lo hace el 4 de febrero. Es posible que otro intermedio fuera
totalmente desarticulado por las fuerzas sublevadas y del que sólo una parte
de las personas que lo componían lograra llegar a la seguridad del
territorio controlado por la República. Esta desarticulación además se puede
situar geográficamente en el entorno de la Sierra del Moro, entre San Pedro
de Mérida y Mirandilla.
En el cortijo
Calaverón de San Pedro de Mérida y en “Mezquita de Quirol” de Mirandilla se
entregan fugitivos que habían quedado aislados tras el ataque. Hay
múltiples testimonios de que este grupo estaba compuesto por familias
enteras e incluso tenemos testimonio de ello por los consejos de guerra
contra algunas de las personas que cayeron en manos de los sublevados.
Más de doscientas personas pasan en
pocos días de los Baldíos de Alburquerque, donde han permanecido refugiados
seis meses, hasta el territorio gubernamental de la Serena.
El día 13 de febrero los guerrilleros que han quedado en la zona interceptan
un coche en el sitio denominado Las Calderas. El falangista y tratante de
ganado U.P y el guarda M.M aparecen muertos. El requeté J.G desaparece, unos
días después un cuerpo en avanzado estado de descomposición aparece en la
ribera a la altura de Villar del Rey. Las autoridades franquistas estiman
que es el suyo. El chofer J.C desaparece, dándose el caso de que hay
personas que dicen haberlo visto con posterioridad en Castuera. En el
consejo de guerra contra “El Teto” se mencionará un segundo tratante de
ganado (en un principio la información que manejan las autoridades
municipales de Alburquerque habla también de cinco personas).
Documento
El 22 de marzo A.M. en cuya inscripción figura “asesinado por los rojos”
aparece muerto en la zona conocida como Painegro y el 18 de junio el guarda
U.P apareció ahorcado en la dehesa del Prior, lo que también se atribuye a
los huidos.
Hay testimonios de que una parte de los huidos se mantuvo durante toda la
guerra en la zona, a pesar de que el castillo de Azagala había sido ocupado
por las fuerzas sublevadas. Muchos de los guerrilleros de Azagala, tras
pasar las líneas franquistas, se integrarían en el Ejercito Popular de la
República y algunos formarían parte de las partidas guerrilleras del XIV
cuerpo de ejército guerrillero.